sábado, 17 de marzo de 2012

La Fosa de Las Cotorras

Fue  antesito de la fecha del natalicio de don Benito Juárez, en el arranque de la primavera del 78, cuando escuché por vez primera de la Fosa de las Cotorras. Que era un tremendo hoyón como pozo seco en cuyo fondo había una selva misteriosa, encantada, anidada por cientos de cotorras. Que estaba muy cerca de Ocozocoautla, a pocas horas de camino de la comunidad de Piedra Parada. Así  platicaban los tíos de mi vecino y carnal René Marina, propietarios de un rancho por ese rumbo  y  nos animaban a echar una vuelta. El topógrafo, arqueólogo, Eduardo Martínez  supo por algún lado que la mentada fosa estaba llena de pinturas rupestres y que adentro hacia el Cañón del Río la Venta había otras fracturas más grandes. Eso me encandiló de plano y sin saber nada del oficio periodístico, con una camarita fotográfica de lente fijo, una Voigtlander,de 35 mm. me propuse visitar la zona y escribir algo publicable. Esa decisión significó lo que soy, en donde estoy y lo que me convertí en el paso de los años.
René, que no escuchaba camino dos veces se apuntó al viaje.  De Tuxtla agarramos un aventón -así circulaba la banda en aquellos  felices tiempos - al pleno centro de Coita. Ahí compramos unas latas de sardinas -de aquellas con empaques ovalados -, galletas saladitas y un paquetón de animalitos, por si conseguíamos café en alguna ranchería. Otro raid nos llevó a cuatro ó cinco kilómetros de Ocozocoautla, sobre la carretera Panamericana, a un camino de acceso a la comunidad de Piedra Parada. Caminando como una hora, y un aventón gondolero más, llegamos al poblado. Se llama así por una piedra plana, lisa y erguida - una estela prehispánica seguramente - que todavía debe de estar clavada en un predio del lugar.
  No lejos de Piedra Parada estaba el rancho de los tíos de René. No había nadie, los familiares sólo llegaban los fines de semana y nunca les avisamos de nuestro arribo. Nos apersonamos con el cuidador - un vecino, se llamaba don Pedro - que al conocer nuestras buenas intenciones platicó sin hacerse del rogar todo lo que sabía de la fosa. Que estaba tras lomita, que en el fondo había arbolones, que no se podía bajar mas que amarrado como cubeta, que algunos la llamaban la Sima de Copal. Al calor del bla, bla, bla, la doña de don Pedro sacó los platos de caldo de gallina con huevera,  destapamos las sardinas con  saladitas. Un compa de nuestro anfitrión se apuntó con unas caguamas. Ya animados seguimos escuchando que la fosa estaba embrujada, que ahí vivían los duendes, que un gallo cantaba en una cueva y de las luces que corrían por el suelo o pasaban volando. Su abuelito le contó a don Pedro que ya alguien había  bajado en una canastilla con poleas y era cierto lo de las lunas y los soles pintados en las paredes. Estábamos todos tan contentos que don Pedro y su cunca- creo que se llamaba Humberto - se ofrecieron a ir con nosotros a visitar la sima. Dormimos bajo los portales de la casa del rancho, en el piso de losa- ¡ aguevo ¡- con unas cobijas limpias que prestaron los nuevos amigos. Como a las cinco de la mañana, después de haber tragado galletas de animalitos sopeadas en café salimos a la fosa. Don Pedro llevaba un rifle y un par de chuchos  flacos, orejones y de ojo chispado. El otro amigo traía su machete acapulco para abrirnos paso entre los arbustos de cachito: no jode tanto el piquete de la espina como el veneno de la hormiga que vive adentro.

En menos de dos horas llegamos al sagrado abismo.  Salió detrás de un montón de árboles, casi de sorpresa, magnífico, cautivante.  Al final del precipicio, un botón de selva espesa  cubría  la base  de la gigantesca olla. Muchas cotorras, el chinguero, anidando en la pared circular, blanca, enorme. Esto no se veía ni en las mejores películas matineras de Tarzán. Cuando la naturaleza quiere nos marca para siempre con su complicado lenguaje. Y nosotros, intrusos peluditos veinteañeros, con un bagaje escaso de cultura, no teníamos palabras ni respuestas para comprender el tesoro que nos regalaba el monte. Del puro gusto don Pedro tiró un plomaso al aire. Un remolino de alas verdes, chillante, comenzó a elevarse por el centro de la fosa.Volando en círculo, parvadas de escandalosas, encabronadas, cotorras se perdieron en el azul del cielo.  Seguimos un balcón natural y bajamos caminando unos 20 metros hacia una terraza en la pared; por ese lado apreciamos  varias pinturas antiguas,   ejecutadas en lugares innacesibles. Los chuchos, que habían estado muy machitos, no quisieron entrar y aullaban asustados mientras gateábamos entre el monte y el borde de piedras. Alcanzamos una cuevita en donde aparecieron unas manos pintadas. Hasta ahí nomás nos arriesgamos, más abajo, solamente con cuerdas.

 Empachados de tanta belleza y misterio regresamos a Piedra Parada, felices de haber logrado nuestro objetivo. Ya en Chiapa mandé a revelar mi rollito de 24 fotos, blanco y negro; y de todas, que no sirvieron para nada, aparecieron como cinco de calidad más o menos. Escribí un texto muy desubicado en cuanto a las características físicas del lugar, pero que traía una medula de la impresión que me había causado la jornada.

 En un viaje al D.F. visité a la revista Contenido y la que se llamaba Signore, esas y otras me mandaron por un tubo,  porque el lugar era atractivo, pero nunca habíamos tocado el fondo. Mi último cartucho fue México Desconocido, que en ese entonces operaba en la calle de Aguascalientes, en la colonia Roma. Me atendieron Luis Moreira y Harry Moller, le echaron un ojo al material y les gustó. No lo vamos a publicar de inmediato- me dijo Moller-organizaremos un viaje con gente experta que descienda a la sima y lo complementamos." Pero bienvenido a bordo", me avaló el buen viejazo. Así empezó todo.

 El material apareció publicado un tiempo después en el número 66 de la revista. Para entonces ya estaba trabajando como colaborador regular de México Desconocido, con algunos escritos y aportaciones fotográficas. En 1982 Carlos Lazcano Sahagún del Grupo Espeleológico Universitario hizo una exploración profesional de la fosa. El levantamiento topográfico reportó un diámetro de boca de más de 142 metros y un tiro de descenso de 92 metros en la parte más alta, escribió Carlos. El grupo encontró registros de tres descensos, el más antiguo de noviembre de 1897. En la presidencia de Coita estaba el acta de la última incursión, hasta ese entonces, de 1979. El trabajo de Carlos Lazcano salió publicado en el número 72 de México Desconocido.


Actualmente la Fosa de las Cotorras está al alcance familiar. Hay un camino de acceso hacia un parador ecoturístico. En el lugar se puede acampar, cuenta con un restaurante, un hotelito y te asesoran por si quieres bajar a rapel a la fosa. Esta joyita del corazón de Chiapas forma parte de la Reserva Especial de la Biósfera El Ocote.  Una chulada de selva, de las últimas que quedan en América, partida en medio por el Cañón del Río La Venta, con muchas cuevas, simas, sitios prehispánicos. Grupos espeleológicos internacionales han efectuado acertadas exploraciones en todo el encañonado y puntos neurálgicos como el Sótano de La Lucha y el soberbio Arco Natural, no muy lejos del embalse de la presa de Malpaso. Y dicen que todavía hay más, mucha magia y misterio allá adentro. Pero esas son otras historias

martes, 6 de marzo de 2012

El Pata de Chucho


No le importó que sus cuncas le dijeran “ideay vos que vas a ganar con esos mochila al hombro que andan rebotando de un lugar a otro con sus camera y sus libretita”. Su mamá le clavó el Pata de Chucho, desde pichi nunca estaba quieto. Ni porque la jefa le escondía la ropa, se escapaba a la calle o a los playones, entrusado y envuelto en un periódico. Nativo de Cupasmí, colocho, boca de Tintán, flaco chilarí, bueno pal relajo y el bailongo, amiguero por naturaleza, lo encontrabas machetando en Las Quince Letras de Cupía, antes de los temblores de Chiapa. Con la mata larga se parecía al autor de Purple Haze, vestía una playera de Frank Zappa y me cayó bien porque sabía de los Beatles.
No fue sorpresa cuando agarró camino con unos franceses que lo llevaron a la costa, al laberinto de manglares de Acapetahua, en donde una pelirroja de Marsella le quitó lo menso . Dicen que antes de eso ya  había perreado en los paisajes sin aliento del volcán Tacaná con un gringo fotógrafo que lo retrató cuando cosechaba sandías a orillas del Santo Domingo. "Traía un baúl con su camaraje, tapizado de calcomanías de todo el mundo, me ofrecí de chalán y nos metimos caminando al fondo del Cañón del Sumidero, mucho antes de la Presa. De ahí fuimos a rebotar hasta Unión Juárez  donde puse un pie en Chiapas y el otro en Guatemala".
 El Pata le agarró el modo a los extranjeros, dejó sus cálidas riberas y emigró en los setentas a San Cristóbal para estar cerca del “valle de las nubes y los helados pinos”, como decía La Chayo Castellanos. Empezó a talachear  de guía de turista improvisado, pepenando viajeros en el mercado multilingüe, multiétnico, de esa centenaria ciudad.  Con su carisma de chiapapinto, labioso, mitómano, acuariano honesto,  convencía a los gueros y los llevaba a pasear por los rumbos de Chamula. De repente lo veías comiendo pan compuesto en Comitán de las Flores o en una ceremonia cósmica en Toniná.
  Unos maestros de Toluca, que les costaba pronunciar la i de Chiapas, lo metieron por primera vez a la selva del Lacandón."No me da pena decirlo, primo, que oí a Dios en la penumbra de montaña y me persigné ante la chulada de arboles, gigantes como el campanario de la iglesia  de Chiapa.  Una  noche en el Jataté  casi pesco por la cola a un cocodrilo viejazo y estas canas que ves en mi copete son del susto que me  dio el tigre al topetearnos frente a frente".

Tiempo después, en las montañas de los Zoques, con sus pueblos chiquitos pero con templos gigantescos, el Pata se amarró una irlandesa con ojos del color de los lagos de Montebello, que lo llevó a vivir al otro lado del Océano. "Muy bonito, otro mundo, mucho que aprender pero también mucho cielo encapotado, de plano, no me hallé sin mi calorón, mis aguas claras y mucho menos sin mi pozol blanco con chile, sin cochito ni tortillas, pura papa con pescado y frijoles dulces, sin mi chipilín con bolita; eso sí le agarré el gusto al café con guiski, estuve en la caverna de Liverpul y atravesé la calle por donde caminaron los bitles en el disco de odarling. En el primer pleitazo que tuve con la Dóroti  salí chispado de aquellos cielos chorreados y no estuve contento hasta que me di dos días de baño de sol en el estero de Boca del Cielo".

 La última vez que saludé al Pata andaba de gestor de unos compas de Ocosingo, que buscaban créditos para crear un centro ecoturístico en el ejido. “Ahí está la paga, dice ahora la jabalinada. Unas cascadas o unas montañas bien cuidadas y administradas pueden dejar más que una cosecha de maíz. Son los mismos compas que se extrañaban porque andaba yo rebotando con los viajeros, los antiguos mochila al hombro, que el tiempo ha convertido en carretadas de autobuses de paseantes. Ora míralos mis paisas, se quedan mudos y ya no saben que hacer para atender al turismo. Yo nací pata de chucho, conocí Chiapas con los caminantes, así aprendí a amarlo y a comprender el porqué los gueros que vienen de tan lejos lo consideran casi el paraíso".

En memoria de René, Alfonso, Vladimir y todos los Pata de Chucho que se adelantaron en el camino.

lunes, 20 de febrero de 2012

Carnaval

 !Agárrense caretas que ya viene el carnaval¡ El carnaval de mi infancia fue el de Tapachula. Alegre y cachondón como ese rincón del Soconusco.Recuerdo que salían unos cabrones descamisados con unas capuchas picudas como las del KKK pero negras; traían en las manos unas enormes iguanas jiotas o caqueras agarradas de las colas y se las hechaban encima a las viejas y mirones que salíamos corriendo, mentándoles la madre a los encapuchados. Lo mejor era el paseo del Dragón, se lucían los chinos huacaleros con su dragonzote de varios metros de largo y gran cabeza. Ahí estábamos toda la plebe apuyuscados con cuates y vecinitas agarrándonos cariño con los apretones de la multitud.
 Cuando estudié la prepa en San Cristóbal experimenté varias ocasiones el carnaval Chamula. Ahí tuve mi bautizo de sagrado posh: ese aguardiente que te pone la cabeza en el cielo y las canillas como goma. Dicen los que saben que el carnaval Chamula es el Popol Vuh revivido; con sus Mashes de lentes de piloto, tocados de piel de mono saraguato y banderas floridas, corriendo sobre las ascuas de juncia y zacate. Casi imposible fotografiar este carnaval, ni siquiera cuando llegan las más altas autoridades mestizas. Prohibido sacar foto, a menos que haya un buen permiso o un mejor billuyo. Hay historias de cuncas camarógrafos de la televisión estatal - esos que acompañan al  gobernador en turno - que fueron regañados y sopapeados por las guardias caseros por querer pasarse de lanzas y grabar fuera del área de visita oficial. Sin una cámara de por medio los visitantes son recibidos en paz y la hospitalidad de los hermanos chamulas es excelente, con harto posh y música  de bolonchón de fondo hasta morir.
De los carnavales mestizos que conozco me gusta el de Ocozocoautla. Con sus ceremoniales sincréticos más cargados del lado indígena que del cristiano.  Excepcional el traje del Tigre: de manojos de ixtle pintado de colores, con la máscara circular colocada encima de la cabeza, que nos recuerda un poco al sombrero del campesino de Vietnam. En Ocozocoita se siente el toque de la sangre árabe en los enigmáticos Mahomas - uno de ellos trae una cara de cochí, de madera, colgada en la espalda - y la leyenda judía del pequeño David venciendo a los Gigantes, en una elaborada danza con la participación estelar del Caballito. Monos, Chores, entre otros personajes y los rituales de los Cohuinás - centros de la fiesta -,  nos arrastran con olor, sonido y sabor a lo más profundo de las raíces zoques hasta los casi mitológicos  olmecas.
En los carnavales de Coita y San Fernando son clásicos los combates con globos o  bolsas de bolis llenas de agua. Pelotones de muchachos y algunos viejos talegones - malandros y puliditos - salen a las calles a globear a quien se le ponga enfrente sin respetar edad o sexo. Hasta los visitantes llevan. Sin quererlo me ha tocado fuego cruzado y no sólo te bañan sino te pintan porque las aguas vienen coloreadas y algunos canijos hasta granadas de pipí preparan. Una tarde estaba pendejeando en una esquina, fuera de la bulla. De repente y de la nada me alcanzaron dos vejigazos entre oreja y nuca.  La calle estaba solitaria pero en las azoteas había picudos francotiradores. Por eso cuando vamos a fotografiar o a grabar esos carnavales les ponemos impermiables a las cámaras y andamos al tiro para no ser acribillados por los maloras.
Hay muchos y muy buenos carnavales en Chiapas, Una vez vi imágenes grabadas del carnaval chol de Tila, realizadas por el compa productor Hugo Astudillo. Me impresionó el combate que estelarizan los Tigres contra los Toros. Estos personajes forman cuadrillas y se reunen en la cancha de futbol para darse con todo. Hugo no captó mucho porque el cura del lugar empezó a megafonear desde la iglesia, arengando a los participantes que impidieran la videograbación del evento.
Otro carnaval atractivo y poco conocido es el del pueblo de Villa las Rosas o Pinola. El Tancoy le llaman a esta fiesta tzeltal llena de danzantes estrafalarios con  máscaras de madera, cartón o plástico bajo lentes oscuros. De polainas, con sombreros de charros, cascos de obreros, cachuchas de  gendarmes realzadas con todo lo imaginable: pajaritos disecados o tiras de condones, campanitas y bisutería por ejemplo. Los Contoyes se cuelgan en el pecho espejos, fotos familiares y recortes de periódico con las noticias viejas de sus estrellas favoritas.
Un profe tzotzil de Chenalhó me aseguraba que en el carnaval indígena todo se permite. La infidelidad marital no existe en esos días locos. Si el marido o la esposa se entera que en la vorágine carnavalera su pareja le puso el cacho, debe hacer como que no pasó nada y seguir el matrimonio en santa paz.
 En fin el carnaval es alegría, es cambio y catarsis, es aceptar lo que por dentro somos y lo que nunca asumiremos en la vida cotidiana. Este año vamos a enfrentar el carnaval mas importante del sexenio, habrán batucadas de promesas y enormes comparsas de acarreados. Los grandes lobos se disfrazarán de ovejas y los antifaces serán vendas en los ojos. Coronaremos un Rey Feo que podría ser una Reina - fea desde luego - y bailaremos todos al relajo de la mascarada de esperanzas. Ojalá al final nos quitemos el disfraz de la desidia y surjamos de la ceniza como ave fenix socialmente renovada.

sábado, 11 de febrero de 2012

El Día de San Valentín de Don Fernando

Cuando éramos chamacones en el Tapachula de los sesentas no sabíamos ni madre del Día de San Valentín. No había televisión y perdíamos el tiempo entre el cine, las cáscaras de futbol y las numerosas pozas que rodeaban a la Perla del Soconusco. Manuela todavía no asomaba la nuca pero al Richard, al Hernán, al Negro y a su servilleta nos gustaba ver a las morenas sin chichero que lavaban ropa entre las piedras del río Coatán. Soñábamos con la cercanía de las olimpiadas del 68 y que los que teníamos paga iríamos al  lejanísimo DF para ver a los atletas  por la tele. En uno de esos borrosos febreros de mi vida recuerdo que don Fernando, mi padre, nos ilustró por vez primera del mentado día de San Valentín, pero no nos habló del día del amor y la amistad sino del día de la masacre de mafiosos que le tocó mirar cuando andaba de indocumentado por Chicago.
Fernando tenía 20 años cuando emigró de bracero a Gueroland con la bendición de Antonio, caudillo de los 16 hermanos Díaz Bullard, quien le prestó una lana para alejarlo de Tapachula donde estaba agarrando una fama - no sé si infundada - de bravucón y rompecorazones. El caso es que el Nandón se fue en tren hasta Chicago, a donde ya radicaban muchos paisas, y trabajó en las fábricas de artículos electrodomésticos. Por su piel muy morena y su estatura, medía un metro ochenta y cinco, lo confundían con indio apache. Viajaba en los asientos de atrás de los autobuses, entre los negros segregados. Quiso aprender a jugar béisbol, pero en lo que sería  su primera atrapada de jardinero la bola le pegó en la cara y por poco le chispa el ojo, así se le acabarón las peloteras ganas. El 14 de febrero de 1929 caminaba cerca de la calle North Clark recuperándose de una madriza que le habían pegado unos polacos por enamorar a la hermana de uno de ellos -" no estoy manco pero me tuve que meter abajo de unos carros porqué eran cuatro, chaparritos, muy bravos y pegaban duro"- cuando escuchó no lejos el tracatraca de las tomygun.Vio algunos autos sospechosos que corrían y después el aullido de patrullas y ambulancias. Al llegar cerca del 2122 de la mentada calle, Fernando no alcanzó a ver a los agujereados pero sí un arrollito de  trago mezclado con sangre que salía por el portón de una bodega y apestaba a pólvora, a alcohol y a muerte; y el parpadeo de los flashes de los reporteros, y mujeres histéricas, llorando, que no podían pasar la valla de seguridad; y agentes con gabardinas a la Dick Tracy que se acercaban preguntando si alguien había visto algo. Por su calidad de indocumentado y porque no tenía nada que decir - solamente que le dieron ganas de cagar - el Nandón mejor ahuecó el ala.
Don Fernando a la izquierda de Al Capone (¡ya mero!).
 Mucho después mi padre se enteraría que Al Capone mandó a matar a Bugs Moran por el control del santo trago en aquella ciudad; corrían los alegres y mafiosos años de la aberrante Ley Seca. Capone mandó a sus verdugos disfrazados de policías mordelones para ganar acceso al local en donde había un cargamento de licor y ya adentro ajusticiarón a 7 con metralletas Thomson. Bugs Moran se salvó porque se levantó tarde y cuando llegó a North Clark los seudopolis estaban en la puerta.
Poco después de la matanza de San Valentín mi padre regresó a Chiapas; con  la lana que ganó de mojado se compró un proyector de cine y una pequeña planta de energía eléctrica y se dedico a la exhibición ambulante de películas en los pueblos y rancherías chiapanecas que tocaba el tren Panamericano. Durante el resto de su vida, cada vez que se acordaba y existía la oportunidad, rememoraba ese pasaje de su vida.
Por eso cada mes de febrero cuando hablan del día de San Valentín no salta a mi mente el querubín nalgón con la flecha emponzoñada de amor, ni pienso en el día de las tarjetas hipócritas con su noche de moteles y preservativos - el 14 de febrero hay que hacer cola para entrar en los primeros y los segundos se venden como pan caliente -. El día de San Valentín está en mi memoria con el lejano relato de don Fernando y no puedo evitar hablar  de Al Capone y de aquella estúpida Ley Seca que tuvo a los gueritos como 10 años echando trago en la clandestidad.








martes, 31 de enero de 2012

La Candelaria y Bill Murray, Hechizo a Destiempo en Chiapas.

Ya empezó la fiesta de la virgencita de la Candelaria. Mis cuncas de Villa de Acala deben estar aceitando sus higados en esa capital de la mojarra frita del Grijalva. Así también los amigos de la soconusquense Mazatán y los chimbombos locos de Cintalapa del Valle. Qué alegre desmadrito es esa fiesta, me ha tocado vivirla en las riberas acaltecas del río Grande. Con sus enramas gigantescas: ofrendas de frutos, pan de rosca, y trastos de plástico que cuelgan de las vigas afuera del templo y que parecen desde abajo el cielo de la abundancia. Con sus Panzudos y Muñecotes gigantes y sus Soldados y Zapatistas balines, Cantinflashes y Trasvestidos del relajo, entre otras figuras carnavalescas, que le sacan viruta al piso al ritmo de las bandas de viento o de marimbas.
 Disfrazados con máscaras de hule, los Panzudos, con harta trapazón en la barriga y en el culo, se avientan al ruedo en una  suerte de toreobufo a esquivar las cogidas de unos toretes que los avientan al espacio como muñecos de trapo. La iglesia se llena de candelitas y el río, a unos pocos metros, es ideal para echarse un chungún y quitarse el calor y la peda, pero cuidado por que el río Grande es tan manso como traicionero.
El dos de febrero es el día de la Candelaria y en Canadá y los Estados Unidos es el día de la Marmota, Groundhog Day, dirían los gabachos. De acuerdo a la tradición norteña este animalito predice en una ceremonia el fin del invierno y la llegada de la primavera. La marmota más famosa entre los gueros es Phil de Punsuxtawney -!pasumecha¡ - en Pensilvania y sobre esta Patrona de los meteorólogos giró una película titulada en español  Hechizo en el Tiempo, estelarizada por el simpático mamón de Bill Murray, Vil Burray diría un chiapapinto. La trama es que el personaje, un weatherman - que dice el estado del clima en la tele - queda atrapado en el 2 de febrero y todos los días despierta en el pueblito de Punsuxtawney en plena celebración de La Marmota Phil. No platicaré pormenores ni el desenlace de tan relocochona película, pero me llamó la atención que la celebración del día de La Marmota coincide con la santa fecha de la virgen de la Candelaria.


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Dicen los que saben que el 2 de febrero es, aproximádamente, la mitad del periodo entre el solsticio de invierno y el equinoccio de primavera.  Que el actual culto a La Candelaria en México es una mezcla sincrética del catolicismo importado por la Conquista y de  rituales ancestrales a los dioses del agua, que aztecas y mayas realizaban al final del calendario prehispánico- que caía al inicio de febrero- y marcaba la preparación del nuevo ciclo agrícola.
La virgencita de la Candelaria en Chiapas tiene muchas leyendas. Al parecer le gustan los espacios libres y es paseadora. La imagen de Mazatán la encontraron en la playa y dicen los viejitos que no muy le gustaba estar dentro de la iglesia, pues se desaparecía y la encontraban de nuevo en la playa o se salía del templo y reaparecía con arena de mar en sus sandalias. La de Cintalapa también se escapaba de la iglesia y regresaba a la hacienda de Tlacozintepec, en donde apareció por vez primera. Alguien me dijo en Acala que la velita de la virgen representa la luz al final del tunel del invierno que nos lleva, cada año, a la primavera de la vida.
Superándose como ser humano, Bill Murray escapa de su"hechizo en el tiempo"en la mentada película y nosotros, la mayoría de mexicanos, le pedimos a la Candelita que ya no despertemos todos los días atrapados en la misma corrupción que nos cobija, con los mismos políticos y funcionarios, que nada más van de un puesto a otro, repitiendo como bicarbonato;con la misma desidia que nos amarga, con la misma televisión que nos apendeja, con el mismo salario apachurrado; sin el valemadrismo que nos caracteriza y todos los etc. que usted quiera agregarle. Que me atrape el tiempo en medio de la fiesta de la Candelaria, en Mazatán, Cintalapa o en Acala y todos los días me levante al grito de marimba, cochito y trago para bailar zapateados con las galanas mujeres de mi pueblo; para salir de Panzudo - que soló la máscara me falta- y evitar, desde luego, que me coja el toro de la vida y morir de empacho de mojarras o ahogado de bolo en las aguas del Grijalva milenario.

miércoles, 25 de enero de 2012

Parachico me pedís. Más allá del fervor y la arrechura

A finales del 2010, Allá en África, la Unesco reconoció a los Parachicos de Chiapa de Corzo como patrimonio cultural intangible de la humanidad, !pasumecha¡ que bueno, lo que no quedo claro es si sólo la parachicada o también todos los demás componentes de la llamada fiesta de Enero que vienen junto con pegado como son Las Chuntas, El Combate naval, la MaríadeAngulo, los Santos, los Anuncios y Recorridos, las Chiapanecas y todos los demás elementos que componen este fiestón de lujo. Al parecer todos quedaron en la sombra y los Parachicos se robaron el reflector de la mentada Unesco. Los Parachicos no son únicamente su baile, ni los sones que se tocan, es mucho , mucho más y aunque talvés no sean los mismos orígenes de los otros actores de la fiesta de Enero, como que los sacaron y los pusieron fuera de contexto. Los Parachicos son el corazón de la Fiesta de Enero, pero La Unesco de plano olvido lo demás del cuerpo de esta galana fiesta.
Salir, o vestirse de Parachico es toda una experiencia que va del ¿ qué se trata?  a la verdadera devoción. Todos los barracos culopinto o chiapacorceños se disfrazan alguna vez de Parachicos. Hay que salir elegantes como los toreros, con ropa dominguera. El chiste es lucirse ante las mujeres. ante los visitantes, bailar chingón. gritar y corear los vivas a los santos venerados acompañar al Patrón y recrear rituales ancestrales. Y los que estamos detrás de las máscaras nos damos el lujo de ser otros por unas horas y somos jóvenes los viejos, briosos los aguados y guapos los feos. Por algo nuestro amigo en paz descanse, Abraham de Cintalapa decia que le gustaba la fiesta de Chiapa porque todos los chiapapintos eran rubios. de ojos azules y andaban arrechos con el chichín en la mano. Y que aguente de los Parachicos de coraza, que se avientan todo el recorrido desde las 10 de mañana hasta las primeras horas de la noche. Cómo le hace por ejemplo el Profe Rubicel, actual Patrón de los caritadepalo para aguantar tantas horas de recorrido. Han de concentrarse como los yoguis de la India para no sentir la comoteada al día siguiente.Hay Parachicos Banqueteros que ni gracia, que ni bailan, ni cantan alabanzas, ni echan vivas y a las tres cuadras se levantan la máscara y sin respeto al atuendo se sientan en el vil suelo.Y los parachicos de cantina que al primer sudor buscan refugio en las mesitas con chelas, micheladas y botanita de cacahuate salado. Mis respetos para los parachicos que hay van zumbando como abejas ante la regia presencia del Patrón. Son pura alegría, color y energía. Su servidor ha sido Parachico media docena de veces en toda su vida, principalmente el 20, día de San Sebastián y apenas aguanto hasta después de la pepita con tasajo. Regreso a mi casa todo tembeleque y a la mañana siguiente no me quiero levantar. Pero eso sí, a la hora de la máscara soy todo lo que no soy en la cotidianidad: sociable, alegre, arrecho, bailador. Y ahí voy tatarateando muy bien vestido de oscuro, zapato boleado, manga larga, pantalón fino, cuando siemre me ven desguachipado, con el chamarro de colores, la chalina de lujo  que tejió La Choni - la secre doméstica de mi mujer -con la montera más o menos, de batalla, y la máscara más conocida de México - propiedad de mi hijo Julián- que según dicen, su imagen de mi autoría,  aparece en un espectacular del aeropuerto de Tuxtla y en internet y en etiquetas de comida y bebida artesanal. Y soy un Parachico que nadie sabe quién soy y me toman un montón de fotos y no sé bailar pero bailo aunque sea tatarateando. Le echo vivas a todos los santos que me caen bien y que me acuerdo: a san Pascualito Rey, a las Animas del Purgatorio, a las Copoyitas, a San Simón, San Caralampio, a los santos pecadores, a la Mano Poderosa , a los Reyes Magos y hasta a Santa Clos. Con mucha alegría y mi pachita de tequila en mi bolsa nalguera.
Ahora que ya son Los Parachicos patrimonio intangible de la humanidad, los chiapapintos pensantes debemos aplicarnos en explorar de una manera seria los orígenes históricos de este personaje. No conformarnos con leyendas fáciles holliwodescas, ni con el "dicen que ". Es obligación de todos y más de los que buscaron la mencionada declaración patrimonial, conformar un grupo de investigadores e historiadores que se  apliquen- no de a grapa - en desenmarañar los orígenes reales no solo de los Parachicos sino de todos de esta fiesta grande que enero tras enero revienta al año en estas orillas del Grijalva

sábado, 21 de enero de 2012

La Fiesta de los Parachicos, Entre la mugre, el ruido y el tránsito desordenado

Es la fiesta grande de Chiapa de Corzo, y empiezo este blog enmedio de un fuerte temblor.¿Significa algo? Es mi primer paso en este mundo y si alguien me lee que me perdone si lo estoy haciendo mal. Desde hace muchos años me dedico a recorrer Chiapas para rescatar en fotos y videos lo más profundo del alma de este Estado, pues mi trabajo actual es la producción de programas para la Red de Televisoras Regionales a través del Canal 10. Chiapas Nuestro , Las Postales de Chiapas y Los Sabores de Chiapas con José I. De La Fuente fueron mis producciones en el 2011. Pues inicio esta faceta en el mundo cibernético y cuando me estoy registrando sacude a Chiapa de Corzo, donde vivo, un sabroso temblor. Les tengo que hablar de la Fiesta Tradicional más importante de esta región de Chiapas y la verdad no se cuánto espacio tengo pero esta noche es el famoso Combate Naval y ayer fué el Dia de San Sebastián, patrono de Los Parachicos.En esta ocasión no voy a hablar de esto, pero sí de la mugre y del ruido y del tráfico y del comercio desmedido de productos chatarra y de las pocas ideas de nuestras autoridades para ofrecerles al visitante espacios de circulación vial, estacionamientos, informacion básica turística y de los eventos. Los que aqui vivimos cerca del centro o de la Plaza pasamos un calvario porque es difícil salir y entrar al pueblo, casi todos trabajamos en la capital vecina Tuxtla Gtz.No podemos sacar los autos porque cierran calles sin ton ni son ni horarios y los camiones de pasajes vienen y salen hasta el gorro, Las calles y el Parque, en el primer cuadro,están los pisos mugrosísimos nunca los lavan ni antes ni después de la fiesta, esperan  hasta que llueva para que se quite la costra de mugre. Las Discotecas y cantinas que hay de a madre están encima del Parque y la música suena hasta las 5 de la mañana, siquiera fuera buena. No hay suficientes sanitarios ni cultura por parte de muchos de mis paisas u fuereños que se orinan y defecan en las esquinas y muchos turistas ya no vienen porque no hay espacios donde parar sus carros y a muchos de estos los han desvalijado y el año pasado la UNESCO declaro a La fiesta de los parachicos patrimonio de la humanidad. Deberiamos de lucirnos. Han dañado la fuente colonial estilo mudejar y el año pasado le cortaron ramas a La Pochota, la ceiba milenaria, árbol icónico de la historia de Chiapas.
De esto y cosas más agradables escribiré cada semana, cada domingo seguramente. Tambien les pondré fotos y videos. Este es mi blog cero, el piloto, a ver que sale y que el temblor de esta mañana del 21 de enero de 2012 sea una buena señal.